La base es el Victoria Sandwich, pero con lemon curd por dentro en lugar de mermelada de fresa. Los huevos de corral son cortesía de María José, que la pobre está agobiada buscando piso, así que mucho ánimo y un millón de gracias por esos huevos tan buenos.

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A veces encuentro en alguna receta que hace falta bulbo de hinojo. No lo había visto en ninguna tienda pero ayer lo encontré, aunque no he encontrado la receta que lo pedía y cuando he buscado en Google, casi toda la información que hay es sobre sus usos medicinales. La enciclopedia de los sabores de Niki Segnit explica una ensalada de Donna Hay que lleva queso de cabra, bulbo de hinojo en lonchas, granada, pimienta amarilla y hojas de guisante —estas dos cosas no las tengo así que he hecho una versión simplificada— con un aliño de zumo de granada, vinagre balsámico y pimienta negra. El hinojo crudo es crujiente y con un gustillo a anís, pero no es fuerte. Otro día tengo que probarlo asado.

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Esto es tan de nivel -1 de cocina que no lo iba a poner, pero me gusta la foto y está buenísimo. No apto para dietas tipo operación Kate Moss ni ninguna otra dieta que conozca, a no ser que sea una dieta de engorde y entonces es el plato perfecto. Tallarines, bechamel mezclada con cuatro quesos (mozzarella, cheddar, gouda y queso azul), unos crackers integrales desmigados por encima y tomillo. Se gratina y listo.

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En esta casa no se tira nada. La parte verde de los puerros, que muchas veces se tira o no se sabe qué hacer con ella, es totalmente comestible y con ella podemos hacer sopas, purés o sofreírla simplemente. Yo me he hecho una especie de tallarines de puerro cortando las partes verdes longitudinalmente. Las he frito junto con una cebolla en tiras y un trozo de jengibre rallado. La salsa de almendras se hace batiendo 100g de almendras tostadas previamente en la sartén con un poco de nata o queso crema y agua hasta que tenga la consistencia que queramos. Si tenemos esencia de almendras en casa, mejora añadiendo un par de gotas a la mezcla. Un poco de pimienta y sal y listo.


Es un poco morramen porque he usado caldo de pescado ya hecho; lo tenía congelado de mi madre de estas navidades (qué rico). He cocido la pasta en el caldo y mientras tanto, he sofrito un ajo con medio puerro cortado en aros, un poco de jengibre rallado, un puñado de gambas y cinco champiñones cortados en láminas. Lo he mezclado todo y he añadido perejil, sésamo blanco y sésamo negro. Y a comer. Lo mejor es el final, cuando ya te has comido la pasta y la mayor parte de los tropiezos y te bebes la sopa directamente del cuenco. ¡Ñam!